Hay momentos en la vida en los que no eres tú mismo, momentos en los que desaparecer parece la mejor solución, momentos que no quieres recordar. Sin embargo a mi me gusta hacerlo, recordarlos. Y es que cuando los recuerdos, los ojos se me llenan de lágimas que van callendo poco a poco a medida que recupero detalles. Pero llega un instante en el que sí, sigo llorando, pero debajo de las lágimas aparece una sonrisa, y ahí se queda largo rato.

Todos pasamos momentos duros, malos, desastrosos e incluso horribles, de lágrimas en la almohada, en cada esquina, a cada instante; Pero todo tiene su fín. Es muy famosa la frase 'al final del túnel verás la luz', sin embargo tiene una parte cierta y otra que no lo es. No ves la luz al final del túnel, la luz está siempre contigo pero tus fuerzas no son suficientes para verla con claridad. La luz del final del túnel es la sonrisa, la sonrisa de oreja a oreja. Sin embargo la luz que te acompaña durante todo ese tiempo que es la más luminosa, la qué consigue tu sonrisa final, la que no te abandona; es cada una de las personas que están a tu lado todo el tiempo, en cualquiera de los momentos. Es aquella que mientras lloras recordando, revela esa mueca de la cara.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH! :)
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