miércoles, 29 de diciembre de 2010

.

Me enamoró, me llenó de promesas, me dió alas, me dió esperanzas...y me usó, como todos, me trató como a un zapato viejo. En un momento me arrancó el corazón y lo rompió, lo rajó en mil pedazos, con sus crueles manos, me mató. Me quitó mis sueños, mis ganas de sonreir, mis alegrías y mis ganas de vivir. Me dejó sola, me lanzó al vacío y allí me dejó, rota, herida. Le habló a la soledad de mi, y le pidió que me acompañase, que me hiciese sufrir. Lleno mis noches de lágrimas frias y mis días de sombras de tristeza. Ha acabado conmigo sin ni siquiera tocarme. Ha conseguido que toque fondo, que me hunda en las más horribles tinieblas, ahogarme en un charco, quitarme mi fuerza. Me arrastró a un mundo lleno de sombras, espinas, tormentas y dolor. Sacó de mi todo lo bueno y lo tiró a un pozo sin fondo. Me hizo llorar hasta que me quede sin lágimas. Hizo que todo mi cuerpo sangrara, que se rotorciera del dolor. Logró que mis noches se convirtiesen en años. Nubló el sol para que nunca más iluminase mi cara. Me hizo sentir inutil e ingenua. Me invitó a que me hiciese amiga del sufrimiento y yo, ingenua, lo hice. Diriguió el ejercito que destruyó mi corazón y condució el tanque que acabó con mi risa. Recibió de mi lo mejor que le pude dar y me devolvió infinitas puñaladas aunque no le hizo falta darme muchos golpes para destrozarme pues con uno solo acabó conmigo. Apagó mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario